jueves, 18 de diciembre de 2014

Muere Virna Lisi, la Señora del cine italiano
Se fue la Señora del cine italiano. Protagonista de decenas de películas, varias veces galardonada con todos los premios cinematográficos autóctonos y de un galardón en Cannes como mejor intérprete femenina, falleció hoy en Roma la actriz Virna Lisi. 
Tenía 78 años, una carrera intensa de más de cuatro décadas y un cáncer diagnosticado hace apenas un mes. Su hijo Corrado, que nació en 1962 del amor de toda la vida con el renombrado arquitecto Franco Pesce, anunció la muerte de una actriz que nunca desbarató su talento y que supo iluminar hasta las producciones menos logradas. El afecto de los italianos recorre desde entonces las redes sociales y las declaraciones oficiales.
Tanta cariñosa popularidad tiene año de nacimiento. La sonrisa sensual e ingenua de la “Marilyn italiana” atrapó a las masas en 1958, cuando se convirtió en un icono de aquellos años laboriosos en los que el país se sacudía de encima la pobreza y corría hacia un futuro donde todo parecía posible.

La marca alemana de pasta dental Chlorodont reclutó a Virna Lisi para el pequeño cortometraje que tenía que publicitar su producto en ese lado de los Alpes. Por entonces la gran mayoría de los ciudadanos no poseía un televisor y - cumpliendo con un nuevo ritual laico y mágico - los vecinos de todas las edades tenían la costumbre de reunirse en los raros hogares ya equipados para asistir a la emisión del Carosello, una serie de anuncios, cada uno con su historia que contar, la historia de una nación que estaba cambiando.

La bella actriz interpretaba a Candida, la mujer petulante de tal Prudenzio Chedenti, quien no hacía más que mandarla a callar. Ella contestaba guiñando a la cámara con una sonrisa de dientes blanquísimos: “¿Por qué? ¿Dije algo malo?”. La respuesta acompañaría a la diva sencilla del cine italiano durante toda su existencia: “Con aquella boca puede decir lo que quiera”.

En 1958, Pieralisi - su verdadero apellido - fue consagrada hacia el gran público en una cinta napolitana de Totò y Peppino De Filippo, imprescindibles máscaras tragicómicas de la Italia que resurge e ironiza sobre sus dificultades. Antes, había lucido su sonrisa brillante y sincera frente la cámara de Luigi Capuano (Luna nuova, 1955), Antonio Pietrangeli (Lo scapolo, 1955, con Alberto Sordi) y de Francesco Maselli (La donna del giorno).
En los años sesenta, Lisi desembarcó en Hollywood. Aquella época no la hizo muy feliz, aunque regaló a todo cinéfilo un instante de gracia esquisita: la escena en la que la belleza mediterránea sale de sorpresa de la tarta de cumpleaños de Jack Lemmon en Como matar a la propia esposa (1965). 

La 'Marilyn italiana' rechazó sin embargo hacer algo que el original norteamericano sí hizo más veces: desnudarse. Rehusó posar sin nada encima en la portada de la revista Playboy y hasta el cortejo del galán Frank Sinatra. Las puertas doradas de los Estudios de Los Ángeles se volvieron a cerrar pronto. Sin embargo, este leve tropiezo fue fundamental para tomar conciencia de su propio talento.

“Cuando entendí que no era solo una muñeca, empezó el periodo más feliz de mi carrera, de verdad aprendí a disfrutar”, dijo en una reciente entrevista al diario romano Il Messaggero. 

Pronto llegaron roles con notable espesor dramático como el de la hermana de Friedrich Nietzsche, Elizabeth, que interpretó en 1977 para Liliana Cavani (Más allá del bien y del mal) o de Catalina de’ Medici en La Reina Margot de Patrice Chéreau. Era 1994: el rostro orgullosamente maduro, el porte altero, las entradas rasadas y el cuerpo engordado le valieron el premio a la mejor actriz en el Festival de Cannes. Entonces supo que tenía razón, que el trabajo duro, obstinado y de calidad acaba pagando. No sirven atajos. Confesó: “No podía más de que los directores comentaran: ‘Sirve una guapa. Llama a la Lisi’. Y de Hollywood ni hablar: personajes vacuos, sin una pizca de cerebro. Por eso me fui y volví a Italia”.

E Italia supo amarla y valorarla. Hoy la llora como se lamenta la pérdida de una vecina. Virna Lisi aparece en muchos de los pilares que construyen la cinematografía nacional popular. En los años ‘80, por ejemplo, salió en la película fundamental para todo adolescente de aquel decenio, Sapore di sale de Carlo Vanzina. En época más reciente, participó en algunas exitosas series de televisión. Trabajó sin cansarse nunca. Desplegó su talento hasta el final, con un invariado toque, tan reconocible, que sabía hacerse muy intenso y dramático y de repente explotar en una improvisa, genuina carcajada. Sin darse pose de diva, nunca artificial, “porque - solía repetir - si finges, antes o después, te van a descubrir”.(Elpais)

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